Tal vez exagero, o tal vez estoy en lo cierto, o más seguramente dependerá de la mujer o el hombre que se tome su tiempo para leer.
Esta entrada es ligeramente especial, intenta exponer lo que una mujer "promedio" siente cuando al parecer está demasiado atractiva para una ciudad (me arriesgo a creer).
Sí, no tengo ni idea de lo que debe pensar una mujer cuando la miran(mos) de arriba a abajo, como masticándola, o le tiran un perro en la mitad de una calle( para eso soy muy gallina), es que he escuchado tantos testimonios poco agradables que al final es casi igual el no poder aguantar ver el escote de una mujer que el publicar un escrito increíblemente fuera de perspectiva.
En el camino a casa, por la avenida internacional siempre ocurría un hecho imprevisto, esperaba pacientemente el acontecimiento de la noche, pero esta vez el movimiento de la gente era ordenado, los automóviles que veía se perdían en dirección a su hogar. A veces observaba el mismo auto por un rato, tratando de descifrar la vida de sus ocupantes, pero era incapaz, intentó contar los vehículos que rebasaban al bus, pero se desconcentró tratando de alejarse de la presencia de un hombre demasiado gordo para ocupar su propio asiento, la incomodaba, tenía un aura pestilente, la sofocaba.
Se levantó rápidamente del asiento, el hombre gordo hizo lo mismo, con diligencia, para que logrará salir sin contratiempo alguno, se dirigió hacia la puerta, pero antes de lograr su objetivo sintió que sus piernas le fallaban, sus rodillas estaban dislocadas, sus tendones rotos, sus músculos desgarrados, se derrumbó al tiempo que la puerta se abría.
Al frente estaba una mujer que le tocaba la frente y trataba
de darle aire abanicando un periódico en su cara, sentía un cuerpo masculino en
su espalda, o tal vez femenino pero sin pechos y con barriga de embarazada,
pero su nariz distinguió un olor sofocante, era el tipo que la sostenía, perdía
el aliento nuevamente, usó todas sus fuerzas y se alejó de la persona en la que
reposaba, cayó inerte en los brazos de la mujer que asustada tiró la prensa y
la abrazó fuertemente. Ella no olía mal, era un olor dulce, a bebé mezclado con
sudor, se sintió inundada por un sentimiento de seguridad, pero el hombre se
aproximaba a ella, salió corriendo despavorida, recuperando fuerzas mientras se
alejaba del miasma estupefaciente.
Llegó a la puerta de su casa sudando copiosamente, el
vestido negro que había alquilado para la ponencia se adhería a sus partes más
prominentes, la inundó la vergüenza, intentaba abrir el candado de doble llave,
pero su motricidad estaba limitada por el pánico de estar allí fuera, vestida
de esa manera y a la vista de sus vecinos, a los pocos segundos llegó el
celador de turno que le ofreció un vaso de agua y que reposara un poco en su
pequeño cubículo a la entrada del conjunto, señaló con afán la cerradura,
rogando que la abriera, después de un rato, el celador con excesiva parsimonia
desbloqueó la puerta, entró rápidamente en su jardín, se encerró bruscamente y
vomitó hasta que su cuerpo sintió el daño de las arcadas al intentar expulsar
contenido inexistente.
Se dio una ducha, se acomodó la camisa que usaba de pijama
hace más de un año, caminó completamente la casa, desde su habitación hasta el sótano,
para ver si todo estaba en orden, tomó dos cucharadas de antiácido y se recostó en la cama, puso el televisor en
un canal aleatorio, el más ruidoso, eso siempre atonta un poco e inhibe
pensamientos poco apropiados, sabía que después de estos accesos tendría que ir
en taxi por unas dos semanas y limitar su contacto con el sexo opuesto a un
apretón de manos.
Generalmente soportaba las miradas inapropiadas o incluso
las vociferaciones más lascivas agachando la cabeza, acelerando el paso y
cuando se encontraba de buen humor, con una sonrisa despectiva, pero con el
tiempo no lo soportaba, hace menos de un año que llegó a la ciudad, tal vez
estaba alcanzando esa edad en la que los hombres se sentían más atraídos hacía
ella, qué extraño es que cuando quiere empezar a limitar su contacto se le
tiren como buitres a carroña.
En la mañana, desayunó con un vaso de leche fría y un par de
panes integrales de hace algunos días, que para poder comerlos tenía que
remojar en el líquido y consumir inmediatamente con el riesgo de que la última
comida disponible se cayera en el piso del apartamento. Bajó a tomar el primer
taxi que pasara pues iba tarde para el trabajo, se subió en el pequeño vehículo
amarillo, divertida, contando la cantidad de hombres que tenían la mirada
desviada al cuerpo de alguna mujer, no se fijó en la del taxista.
imagen extraída de: http://www.lovethispic.com/uploaded_images/19818-Classic-Black-Dress.jpg

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