4 de agosto de 2015

De vuelta

Tal vez exagero, o tal vez estoy en lo cierto, o más seguramente dependerá de la mujer o el hombre que se tome su tiempo para leer.   

Esta entrada es ligeramente especial, intenta exponer lo que una mujer "promedio" siente cuando al parecer está demasiado atractiva para una ciudad (me arriesgo a creer).

Sí, no tengo ni idea de lo que debe pensar una mujer cuando la miran(mos) de arriba a abajo, como masticándola, o le tiran un perro en la mitad de una calle( para eso soy muy gallina), es que he escuchado tantos testimonios poco agradables que al final es casi igual el no poder aguantar ver el escote de una mujer que el publicar un escrito increíblemente fuera de perspectiva. 



En el camino a casa, por la avenida internacional siempre ocurría un hecho imprevisto, esperaba pacientemente el acontecimiento de la noche, pero esta vez el movimiento de la gente era ordenado, los automóviles que veía se perdían en dirección a su hogar. A veces observaba el mismo auto por un rato, tratando de descifrar la vida de sus ocupantes, pero era incapaz, intentó contar los vehículos que rebasaban al bus, pero se desconcentró tratando de alejarse de la presencia de un hombre demasiado gordo para ocupar su propio asiento, la incomodaba, tenía un aura pestilente, la sofocaba.

Se levantó rápidamente del asiento, el hombre gordo hizo lo mismo, con diligencia, para que logrará salir sin contratiempo alguno, se dirigió hacia la puerta, pero antes de lograr su objetivo sintió que sus piernas le fallaban, sus rodillas estaban dislocadas, sus tendones rotos, sus músculos desgarrados, se derrumbó al tiempo que la puerta se abría.

Al frente estaba una mujer que le tocaba la frente y trataba de darle aire abanicando un periódico en su cara, sentía un cuerpo masculino en su espalda, o tal vez femenino pero sin pechos y con barriga de embarazada, pero su nariz distinguió un olor sofocante, era el tipo que la sostenía, perdía el aliento nuevamente, usó todas sus fuerzas y se alejó de la persona en la que reposaba, cayó inerte en los brazos de la mujer que asustada tiró la prensa y la abrazó fuertemente. Ella no olía mal, era un olor dulce, a bebé mezclado con sudor, se sintió inundada por un sentimiento de seguridad, pero el hombre se aproximaba a ella, salió corriendo despavorida, recuperando fuerzas mientras se alejaba del miasma estupefaciente.

Llegó a la puerta de su casa sudando copiosamente, el vestido negro que había alquilado para la ponencia se adhería a sus partes más prominentes, la inundó la vergüenza, intentaba abrir el candado de doble llave, pero su motricidad estaba limitada por el pánico de estar allí fuera, vestida de esa manera y a la vista de sus vecinos, a los pocos segundos llegó el celador de turno que le ofreció un vaso de agua y que reposara un poco en su pequeño cubículo a la entrada del conjunto, señaló con afán la cerradura, rogando que la abriera, después de un rato, el celador con excesiva parsimonia desbloqueó la puerta, entró rápidamente en su jardín, se encerró bruscamente y vomitó hasta que su cuerpo sintió el daño de las arcadas al intentar expulsar contenido inexistente.

Se dio una ducha, se acomodó la camisa que usaba de pijama hace más de un año, caminó completamente la casa, desde su habitación hasta el sótano, para ver si todo estaba en orden, tomó dos cucharadas de antiácido  y se recostó en la cama, puso el televisor en un canal aleatorio, el más ruidoso, eso siempre atonta un poco e inhibe pensamientos poco apropiados, sabía que después de estos accesos tendría que ir en taxi por unas dos semanas y limitar su contacto con el sexo opuesto a un apretón de manos.

Generalmente soportaba las miradas inapropiadas o incluso las vociferaciones más lascivas agachando la cabeza, acelerando el paso y cuando se encontraba de buen humor, con una sonrisa despectiva, pero con el tiempo no lo soportaba, hace menos de un año que llegó a la ciudad, tal vez estaba alcanzando esa edad en la que los hombres se sentían más atraídos hacía ella, qué extraño es que cuando quiere empezar a limitar su contacto se le tiren como buitres a carroña.


En la mañana, desayunó con un vaso de leche fría y un par de panes integrales de hace algunos días, que para poder comerlos tenía que remojar en el líquido y consumir inmediatamente con el riesgo de que la última comida disponible se cayera en el piso del apartamento. Bajó a tomar el primer taxi que pasara pues iba tarde para el trabajo, se subió en el pequeño vehículo amarillo, divertida, contando la cantidad de hombres que tenían la mirada desviada al cuerpo de alguna mujer, no se fijó en la del taxista. 


imagen extraída de: http://www.lovethispic.com/uploaded_images/19818-Classic-Black-Dress.jpg

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