Pocas veces me he tomado la molestia de pensar porque tengo el placer de existir, admiro a esos seres que aún no están completamente sublevados por el mundo, esas pocas personas que se niegan a entender una ruta, que pocos, ni siquiera los más eruditos comprenderán completamente, he conocido a un par de ellas, almas con las que he tenido el placer de hablar horas y horas sin parar.
No las comprendo cuando sus razones no me parecen adecuadas, a veces tengo que agachar la cabeza, cómo diciendo con este gesto que siempre tendrán un poco de razón: que son ajenos a este punto en la existencia.
Dicen que nada vale la pena, con argumentos vagos, sabiendo que han olvidado una parte importante, a veces sabiendo que no la han olvidado, pero temiendo que sus razones sean muy románticas, no me molesta que se guarden sus pensamientos más profundos, me encanta ver esa valentía en sus rostros al observar la indiferencia con la que las trata esta ruta y enfrentarla con las pocas armas que el mundo les ofrece, esas defensas que disparan todas las personas por sus labios, obviando el hecho de que todos las conocemos y de que ya nadie las traga. Porque el malgastado “No me importa lo que piensen los demás” o el “Yo hago esto porque me gusta” están llegando a ser de uso tan común que están alcanzando al “Yo no fui” y al “Por favor”, estamos en un sueño tan perfecto, lamemos los restos del placer en recipientes comunales que son ya tan sólo rémoras de lo que algún día demostraban, y la sed no cesa, también nos dolemos de esa hambre morbosa que debemos salir a calmar todos los días, a llevar nuestros sistemas al nirvana acumulando en los mismos, segundo a segundo, pequeños complementos de un compuesto, ya excesivamente mutado a satisfacción de unos pocos, de gustos mediocres.
Existen pocas formas de escapar a esta realidad, estas almas a veces deciden ir por la definitiva, por acabar de golpe la existencia desagradable, porque las razones no son suficientes para lo contrario, pero existen ciertos momentos, que seguramente al final podremos contar con nuestros dedos, que habrán logrado hacer que todo valiera la pena. Ojalá que cuando su vida se esté desvaneciendo no recuerden ninguno de aquellos momentos hermosos, pues tal vez se darán cuenta demasiado tarde de que han rechazado la única oportunidad que tenían; para enfrentarse a la incertidumbre, para hacer el pacto con la oscuridad eterna y seguir así, rebosantes de vacío hasta el fin de los tiempos.
Un cambio de perspectiva. Hay una excelente ejercicio mental que nos ayuda a tener un vista más general, usando el gran motor de la imaginación podemos poner una copia idéntica de nosotros sobre nuestra cabeza, en este preciso instante, e irnos alejando, poco a poco, cada vez más lejos, sin detenernos. Ya bastante ilustrado está en muchos programas televisivos de ciencia, no solo sirve a la hora de exponer las maravillas que la astronomía y sus derivados nos han dado a conocer, no, en este momento la usaremos con un objetivo totalmente diferente:
Digamos que sólo avanzamos un poco, teniendo el mal gusto de siempre estar situados en el centro del paisaje, bueno casi siempre es así, a esta altura observamos los tres edificios más cercanos al lugar donde nos encontremos, ¿qué habrá en ellos?, no lo sabemos, nos es imposible conocerlo, pero hay algo que entendemos, algo debe haber en estos edificios misteriosos, o tal vez alguien, ¿o tal vez eso?,¿ o ella?,¿ o él?,¿ o ellos?… en fin. Y si subimos más y más. Y más.
Tal vez por eso me aferro a la existencia, para seguir contestando preguntas sin respuesta, rompiendo mi cabeza con acertijos ya resueltos y disfrutando en este instante de las mentes poco cuerdas que han dejado su imaginación plasmada en páginas.
Seres incomprendidos, especiales. Porque en este mundo no hay suficiente espacio para amar.
Ocultos, temerosos. Son las pocas personas que sabemos que valdrá la pena conocer, que en su mente circulan ideas más interesantes que las que te tiran encima a diario, que tal vez su pena ha enriquecido al mundo, mientras que nosotros nos encargamos de dañarlo y al ser más eficientes y perspicaces, estamos seguros de ser superiores. Esas almas que desean morir, deberían hacerlo como los demás, lentamente y tranquilos, con sus mentes agudas y sus corazones románticos.
Porque vivir seguirá siendo morir de manera constante, cómo cuando avanzamos una letra en una historia y sabemos que cuando las páginas terminen tendremos que conformarnos con un contundente final.
Imagen extraída de: http://173.199.182.204/~artalask/wp-content/uploads/solitude.jpg

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