16 de noviembre de 2015

Memoria

La mente encuentra con dificultad algún recuerdo memorable, llena de miedos aleja al individuo de sus dominios, pero a veces me encuentro contigo, das vueltas sin rumbo fijo, conociendo cosas que hasta para mi están escondidas, y te alejas indiferente, y yo, encadenado, lucho por acercarme a tu majestuosidad.


Recuerdo aquella sensación que me causó el estar contigo por un minuto, haberla sentido nuevamente en cada pequeño salto que el minutero osaba dar, y me inquieta que a veces la misma  emoción me embriague nuevamente hoy, cuando había logrado no con poco esfuerzo limpiar tus restos de mi memoria.

Voces e imágenes en todas partes, sonidos, blasfemias, inquietudes, penas, desgracias, todas tienen un lugar en los recuerdos, sin embargo qué difícil me es recordar muchas cosas que los demás me cuentan, qué difícil me será olvidar algún día los rechazos y las indiferencias que inundan la vida del hombre, suelo preguntarme cuantas veces tendré que mentir para evitar el repudio o lograr crear un nuevo falso conocido, y saber sin embargo que nunca llegaré al objetivo final de la mente, el completo reposo, la indiferencia total, la paz.  Porque estarás allí, olvidándote de las razones que te llevan a ocupar este lugar, viviendo en miles a la vez y sin vislumbrar cual te pueda corresponder.

Olvido es lo único con lo que sueño esta noche, quiero que el olvido llene mi memoria, que no recuerde siquiera un nombre, para que me traten como imbécil y experimenten con mi percepción, convertirme en títere y terminar el pequeño trabajo que algún dios amenazante impuso en mi existencia, que puedan dejar de sacrificarse por mi y se den un crucero por el pacífico, que hermoso.

Y si me alejo de este camino y empiezo uno nuevo, uno en el que defraudo a todo el mundo, en el que no exista el amor ni la compasión, en el que solo existas tú, delicada desgracia, abrázame y enseñame lo que es vivir, quita maldiciones de los criminales desgraciados y ponlas sobre este tu siervo, lléname de tu aura pestilente y confíame las historias que con tanto esmero custodias, tócame con ese tu viejo y sangriento dedo, y bendice mi carne para que con su simple hedor contamine el área circundante, o enséñame a vivir lleno de amor, amor, que hermoso.
Imagen extraída de: http://muerevacio.es/wp-content/uploads/2015/07/reloj-de-arena.jpg

0 comentarios:

Publicar un comentario

Datos personales